La casualidad de
volar en el justo momento
y conocerse cuando
toca.
Porque el volar,
quizás,
no fuese coger ese avión,
ni el segundo, ni el
tercero,
sino, sentirnos uno,
una.
Que el volar,
quizás,
fuese justo el instante
en que te apreté la
cara entre mis piernas,
o que incluso,
el
volar fuese mirarnos a los ojos
sorprendidos por la
vida.
Que quizás, el
volar
fuese una mezcla de tu
olor y mis jadeos
o simplemente
tu
sonrisa provocándome el corazón.
Puede que tal vez,
el volar fuese solamente reír,
mostrarse natural y
abrirse a dar
y sobretodo a recibir.
Lo seguro, es que,
por el mero hecho de
vivir esto,
por esta casualidad,
ya siento que he
volado.
Gracias, gracias, gracias!
(SAN JUAN 018)

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