jueves, 26 de abril de 2018

LA REDONDA Y EL CUADRADO



La redonda dando vueltas como siempre, 
se paró en seco al toparse 
con las palabras del cuadrado.
Freno, freno de golpe.
Por dentro creía haber sentido la necesidad 
de tocar las esquinas del cuadrado 
pero al ser tan redondita 
le dio miedo pincharse.

Ella sabía las heridas de él 
y él era conocedor de las debilidades de ella. 
Le dieron tiempo al tiempo 
hasta el punto de que este se acabó. 
Jugaban, creaban, se motivaban, se sanaban,
 tenían una conexión hermosa.

La flor de loto se abrió en el momento 
en el que él decidió tocar las curvas de ella.
¿Qué sentido tiene no probar sus esquinas, 
si quizás ya me lo he imaginado?- pensaba la redonda.
Así que rodó por los ángulos 
del hermoso cuerpo que tenía debajo. 
Podía sentir como se hinchaba y humedecía 
a lo largo de las caricias 
que sus manos cuadradas le ofrecían. 
Eran suaves, con respeto y amorosas. 
Algo que a ella le encantó.

Siguió rodando
hasta coincidir con su hermosa boca cuadrada 
y ella le metió la lengua para ver que pasaba 
al conectar sus salivas. 
Alguien me contó que les gustó, 
porque lo hicieron muchas veces más.
El cuadrado sorprendido de lo que le gustaban las curvas de ella, 
no pudo parar de abrazarla fuerte.

Era asombroso como no habían encajado antes!

Ella, como buena redonda,
le dio la vuelta a la situación 
y comenzaron a sincerarse las almas 
bailando entre sonidos de goce, miradas y pasión.
Aún así, 
no entendía cual fue el giro acertado 
para que una redonda y un cuadrado 
pudieran amarse sinceramente durante un instante.

ABRIL 2018